NEVER MORE
Nunca te dejé sola
hasta cuando
quisiste estar
tan
sola.
Entonces me fui
y todavía
no he regresado
ni de tu soledad
ni de la mía.
Espacio de Roberto Luzcando, poeta, narrador y ensayista panameño nacido en 1939. Profesor de Lengua y literatura española, ganador en cinco ocasiones del Premio Nacional de Literatura "Ricardo Miró", del Premio "Vicente Aleixandre", en Sevilla, España y del "Pablo Neruda", en Guayaquil, Ecuador. Actualmente dirige la Revista Nacional de Cultura, del Instituto Nacional de Cultura.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
LA PATRIA EN EL ZODIACO
(fragmentos)
I
(fragmentos)
I
20 de diciembre, 9 de enero...
Enero es más que un mes del calendario:
cada año será
el recuerdo vivo de la destrucción.
Once lunas antes,
nueve soles después,
conjugan y unifican la mansalva.
Enero es el sendero y la noche
cuando juntos caminamos
la Patria y yo,
sin otra luminaria por las calles
que la agujereada luz de las estrellas,
después que gigantescos sonidos
fracturaron maderas y cristales,
torres de cemento armado
y máscaras humanas.
Después de los incendios
los huesos calcinados de Diciembre,
dejaron su fatiga negruzca y en desorden
sobre la nocturna espalda de la ciudad:
cenicientos jeroglíficos de cal morena
que todos comprendemos:
la paz en cuarentena
de una Patria aún desconocida,
Patria de Enero en flor
que se deshoja
por los ventisqueros del almanaque.
XII
(...1989)
De Diciembre a Diciembre
y la furia no ha pasado,
el aroma macabro
se esparce nuevamente
y la noche se escurre indelicada
entre los intersticios del recuerdo.
Diciembre, negra Navidad
que ochenta y nueve veces
golpea el sentimiento
y cada ochenta y nueve se multiplica
por sí mismo,
se multiplica por la infamia,
cada muerto resulta
el cuádruple de la maldad
y cada vivo asustadizo,
trémulo sobreviviente,
escucha latir su corazón de nuevo
ochenta y nueve veces por minuto
y oye caer las bombas
en el cuarto del vecino
y mira el estruendo reflejarse
en la desmesurada boca del hijo
que ha quedado inmóvil de terror.
Diciembre,
mes de regalados incendios,
negra Navidad
donde la muerte
obsequió pupilas en blanco
como canicas, desplegó
pieles calcinadas,
gritos más allá del grito,
piernas que andaban solas,
cabezas encestadas en la nada
en el baloncesto de las explosiones,
Diciembre impostergable,
mes de crucifixiones populares,
negra Navidad
donde sólo nació la muerte.
Diciembre, ahora
te cierro en mi palabra,
pero la llave de tu memoria
en esta Patria zodiacal:
porque tal oprobio
sólo se esfumará
la noche en que tus muertos
regresen a sus casas,
se acuesten en sus lechos
y jueguen con sus hijos
en otra Navidad.
(Tomado del libro LA PATRIA EN EL ZODIACO, XII poemas sobre la invasión.)
viernes, 11 de diciembre de 2009
LAS HOJAS SON LAS HUELLAS DE LA MUERTE
Las hojas son las huellas de la muerte
que salen por las ramas, porque acaso
no caben bajo tierra: cielo raso
del hombre transformado en sombra inerte.
El árbol en sus hojas da la suerte
de aquél que lo contempla en el ocaso
y advierte que el color de cada paso
es verde como el árbol que lo vierte.
Son verdes las pisadas que recoge
la muerte en cada forma de las hojas:
el hombre ya en su edad de clorofila.
Por eso, cuando el viento lo deshoje,
el árbol, con su fruto de congojas,
es hueso que en el aire se perfila.
que salen por las ramas, porque acaso
no caben bajo tierra: cielo raso
del hombre transformado en sombra inerte.
El árbol en sus hojas da la suerte
de aquél que lo contempla en el ocaso
y advierte que el color de cada paso
es verde como el árbol que lo vierte.
Son verdes las pisadas que recoge
la muerte en cada forma de las hojas:
el hombre ya en su edad de clorofila.
Por eso, cuando el viento lo deshoje,
el árbol, con su fruto de congojas,
es hueso que en el aire se perfila.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
LA MUERTE NOS DERROTA A CONTRACIELO
La muerte nos derrota a contracielo
pues sabe frutecer bajo la tierra,
quizás como otro amor que nos encierra
en rara soledad de barro y yelo.
La muerte, que camino bajo el suelo,
se sabe los senderos, nunca yerra,
no va a los cementerios, pero aterra
al vuelo de los pájaros sin vuelo.
La muerte nos conoce desde niños
y escribe nuestros pasos -cada uno-
en libros de silencio vegetal.
Y llega con su flaco desaliño,
nos toca y desencuerpa y a ninguno
le consta si pasó por el portal.
pues sabe frutecer bajo la tierra,
quizás como otro amor que nos encierra
en rara soledad de barro y yelo.
La muerte, que camino bajo el suelo,
se sabe los senderos, nunca yerra,
no va a los cementerios, pero aterra
al vuelo de los pájaros sin vuelo.
La muerte nos conoce desde niños
y escribe nuestros pasos -cada uno-
en libros de silencio vegetal.
Y llega con su flaco desaliño,
nos toca y desencuerpa y a ninguno
le consta si pasó por el portal.
martes, 1 de diciembre de 2009
LOS ÁRBOLES CAMINAN
(Soneto)
(Soneto)
"...migración altitudinal
en el amazonas..."
Internet
Los árboles caminan a la cima,
avanzan un centímetro por día,
es mudo su estupor, su algarabía
moviéndose sin pies: la flor encima.
Irrumpen sin furor y no lastima
las sendas de la hierba que dormía
y mientras que su afán amanecía
desliza mil raíces y se anima.
(¡Oh árbol andariego que subiendo
por cada pedrezuela has encumbrado
el bosque y su secreta florafauna.
Insólito, te vas siempre moviendo
huyendo del ozono que ha trocado
peciolos en cenizas con su sauna!)
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