IDENTIDAD
Yo conocí a Dios una noche de tormenta
cuando no esperaba la visita de nadie,
ni de humanos, ni de Dios mucho menos.
Me lo encontré sentado en la escalera
y sólo me miraba fijamente,
haciendo que mi ser se espeluznara.
A Dios no se le habla, comprendí
y me quedé parado frente a él,
hasta que vi cuando bajaba y se marchaba
sin decir tampoco una palabra.
Entonces un espejo
cayó y en mil añicos
se dispersó por el suelo
y su sonido solitario
fue como el eco
de Dios cuando se iba.
(Dios tenía mi rostro
y por eso lo reconocí)
Todavía sigue lloviendo.
Espacio de Roberto Luzcando, poeta, narrador y ensayista panameño nacido en 1939. Profesor de Lengua y literatura española, ganador en cinco ocasiones del Premio Nacional de Literatura "Ricardo Miró", del Premio "Vicente Aleixandre", en Sevilla, España y del "Pablo Neruda", en Guayaquil, Ecuador. Actualmente dirige la Revista Nacional de Cultura, del Instituto Nacional de Cultura.
viernes, 27 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
TERCER LAMENTO
Ahora me hago el cielo
para que me mires
deslumbrado
y realmente mirarte yo
multiplicando mis ojos
en oscuras estrellas.
Me hago el cielo
para mirarte desde arriba
o desde abajo,
según el ángulo y posición
de tus besos móviles
y escurridizos,
meteoros perdidos
sin embargo,
en las parábolas
de mi piel planetaria,
que has erizado
en un solo volcán
que luego transformas
en albo río,
en pájaros ausentes,
que guardaste en tu cuerpo
de escondrijos siderales.
(Tantas cosas quedaron
más allá de los besos
que dejamos de darnos:
collares, puertas, gente desconocida,
automóviles, libros,
otros sucesos y cosas
que de pronto olvidaste,
después de aquellas lunas
tan largas como intensas,
como rojas y mías,
como tuyas y rotas.)
Ahora me hago el cielo
para que me mires
deslumbrado
y realmente mirarte yo
multiplicando mis ojos
en oscuras estrellas.
Me hago el cielo
para mirarte desde arriba
o desde abajo,
según el ángulo y posición
de tus besos móviles
y escurridizos,
meteoros perdidos
sin embargo,
en las parábolas
de mi piel planetaria,
que has erizado
en un solo volcán
que luego transformas
en albo río,
en pájaros ausentes,
que guardaste en tu cuerpo
de escondrijos siderales.
(Tantas cosas quedaron
más allá de los besos
que dejamos de darnos:
collares, puertas, gente desconocida,
automóviles, libros,
otros sucesos y cosas
que de pronto olvidaste,
después de aquellas lunas
tan largas como intensas,
como rojas y mías,
como tuyas y rotas.)
miércoles, 18 de febrero de 2009
MONÓLOGO DEL DESEMPLEADO
Venid a caminar conmigo
bajo la pertinaz llovizna
o el sol inmisericorde
venid a caminar también
entre la noche que me apuñala
de soledades y memorias
disfrazada de lunar malandrín,
venid a caminar
con los pies agobiados
por tantas leguas recorridas
por las calles hurañas y distantes
de esta insomne ciudad,
venid a caminar
y a sopesar
el gran fardo del silencio
venid a vagar y divagar,
a pasar hambrunas
por parques y veredas
entre tristezas y hojarascas.
Venid a caminar conmigo
bajo la pertinaz llovizna
o el sol inmisericorde
venid a caminar también
entre la noche que me apuñala
de soledades y memorias
disfrazada de lunar malandrín,
venid a caminar
con los pies agobiados
por tantas leguas recorridas
por las calles hurañas y distantes
de esta insomne ciudad,
venid a caminar
y a sopesar
el gran fardo del silencio
venid a vagar y divagar,
a pasar hambrunas
por parques y veredas
entre tristezas y hojarascas.
martes, 17 de febrero de 2009
3
¿Qué pulsamen esgrimes, noche oscura,
para quebrar el vuelo de las aves
y naufragar los peces y las naves
a punta de delirios y premuras?
¿Qué terca soledad que tanto dura,
sombra, manejo de indecisas llaves,
si a veces tu miseria (¿no lo sabes?)
rompe a llorar estrellas, noche pura?
Eres la noche más también el día
porque en tu mismo cuerpo se agiganta
y cunde en cada flor, la luz serena.
Pero zarpa el fulgor y rauda, fría
siembras tu ruiseñor que nunca canta
y vuelves a intentar ser sombra plena.
¿Qué pulsamen esgrimes, noche oscura,
para quebrar el vuelo de las aves
y naufragar los peces y las naves
a punta de delirios y premuras?
¿Qué terca soledad que tanto dura,
sombra, manejo de indecisas llaves,
si a veces tu miseria (¿no lo sabes?)
rompe a llorar estrellas, noche pura?
Eres la noche más también el día
porque en tu mismo cuerpo se agiganta
y cunde en cada flor, la luz serena.
Pero zarpa el fulgor y rauda, fría
siembras tu ruiseñor que nunca canta
y vuelves a intentar ser sombra plena.
lunes, 16 de febrero de 2009
14
Para acabar el libro de la muerte
escribo cada día sin cesar
escribo ¡como el diablo!
y no me asusto
de continuar este volumen cruel.
Apunto vidas
y me hago el ciego
para no escuchar
lo que la gente dice
y me hago el sordo
para no ver
lo que a medias me enseñan.
Y acabaré este libro
escribiendo cosas
que nunca han sucedido,
borrando cada letra
no escrita,
borrando cada muerte descubierta
en esta entretierra
que llamamos vida.
Para acabar el libro de la muerte
escribo cada día sin cesar
escribo ¡como el diablo!
y no me asusto
de continuar este volumen cruel.
Apunto vidas
y me hago el ciego
para no escuchar
lo que la gente dice
y me hago el sordo
para no ver
lo que a medias me enseñan.
Y acabaré este libro
escribiendo cosas
que nunca han sucedido,
borrando cada letra
no escrita,
borrando cada muerte descubierta
en esta entretierra
que llamamos vida.
viernes, 13 de febrero de 2009
SONETO ERÓTICO
Valiera ser tu enagua y tu sostén
enmascarar tu sexo y su montaña,
el fil de tus pezones que me daña
y luego amarte sin decir amén.
Que volase tu falda en terraplén
para mirar tu gigantesca araña
y aplicarte en calor mi tierna maña
para que alcances el orgasmo cien.
A ultranza ser lo que no puedo ser
para que seas de mí, de mi unicornio
y perezcas en luz de tanta miel.
Quejidos de tu amor: reconocer
el sí que bien me das cuando te fornio
y remanezca tu pimpollo fiel.
Valiera ser tu enagua y tu sostén
enmascarar tu sexo y su montaña,
el fil de tus pezones que me daña
y luego amarte sin decir amén.
Que volase tu falda en terraplén
para mirar tu gigantesca araña
y aplicarte en calor mi tierna maña
para que alcances el orgasmo cien.
A ultranza ser lo que no puedo ser
para que seas de mí, de mi unicornio
y perezcas en luz de tanta miel.
Quejidos de tu amor: reconocer
el sí que bien me das cuando te fornio
y remanezca tu pimpollo fiel.
miércoles, 11 de febrero de 2009
lunes, 2 de febrero de 2009
EL PODER HUMANO
Entonces, vida,
lléname de tiempo,
lléname de lo que no tengo
y todo lo tenido
entrégalo a la noche
y al olvido.
Sólo déjame
el recuerdo de la muerte,
que ya no cabe más
en todo lo vivido.
Lléname de horas, vida,
que todo sea
tiempo y luna
y así nadie perezca.
Porque nada y nadie
son lo mismo
y unidos prevalecen.
(Yo era nada en otro tiempo.
Ahora soy nadie
y por eso existo
y trituro la nada
y la absorbo y asimilo
y me adueño de ésta
porque soy nadie.
Siendo nadie y absurdo
o siendo absurdo y nadie
pude hacer inmortal
al universo y a la nada.)
Entonces, vida,
lléname de tiempo,
lléname de lo que no tengo
y todo lo tenido
entrégalo a la noche
y al olvido.
Sólo déjame
el recuerdo de la muerte,
que ya no cabe más
en todo lo vivido.
Lléname de horas, vida,
que todo sea
tiempo y luna
y así nadie perezca.
Porque nada y nadie
son lo mismo
y unidos prevalecen.
(Yo era nada en otro tiempo.
Ahora soy nadie
y por eso existo
y trituro la nada
y la absorbo y asimilo
y me adueño de ésta
porque soy nadie.
Siendo nadie y absurdo
o siendo absurdo y nadie
pude hacer inmortal
al universo y a la nada.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)