TERCER LAMENTO
Ahora me hago el cielo
para que me mires
deslumbrado
y realmente mirarte yo
multiplicando mis ojos
en oscuras estrellas.
Me hago el cielo
para mirarte desde arriba
o desde abajo,
según el ángulo y posición
de tus besos móviles
y escurridizos,
meteoros perdidos
sin embargo,
en las parábolas
de mi piel planetaria,
que has erizado
en un solo volcán
que luego transformas
en albo río,
en pájaros ausentes,
que guardaste en tu cuerpo
de escondrijos siderales.
(Tantas cosas quedaron
más allá de los besos
que dejamos de darnos:
collares, puertas, gente desconocida,
automóviles, libros,
otros sucesos y cosas
que de pronto olvidaste,
después de aquellas lunas
tan largas como intensas,
como rojas y mías,
como tuyas y rotas.)
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