IDENTIDAD
Yo conocí a Dios una noche de tormenta
cuando no esperaba la visita de nadie,
ni de humanos, ni de Dios mucho menos.
Me lo encontré sentado en la escalera
y sólo me miraba fijamente,
haciendo que mi ser se espeluznara.
A Dios no se le habla, comprendí
y me quedé parado frente a él,
hasta que vi cuando bajaba y se marchaba
sin decir tampoco una palabra.
Entonces un espejo
cayó y en mil añicos
se dispersó por el suelo
y su sonido solitario
fue como el eco
de Dios cuando se iba.
(Dios tenía mi rostro
y por eso lo reconocí)
Todavía sigue lloviendo.
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