viernes, 13 de noviembre de 2009

ÉGLOGA EN TIEMPO DE SONETO



Pastor que los rebaños de la pena
escoltas a los prados donde moro.
Pastor a quien os debo mi decoro,
me dejas a merced de luna llena.


¿Ignoras que la noche me condena
a ser despojo vil de quien añoro?
¿Por qué a mi corazón, mirlo sonoro,
ocultas la virtud que lo enajena?


Pastor que te tornaste fiel amigo
de mí y de mi doncella cuán hermosa,
otrora junto al río tantas veces,


debajo del crepúsculo, testigo
también de mi pasión, quemada rosa:
¿Por qué, pastor de amor, desapareces?

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