ÉGLOGA EN TIEMPO DE SONETO
Pastor que los rebaños de la pena
escoltas a los prados donde moro.
Pastor a quien os debo mi decoro,
me dejas a merced de luna llena.
¿Ignoras que la noche me condena
a ser despojo vil de quien añoro?
¿Por qué a mi corazón, mirlo sonoro,
ocultas la virtud que lo enajena?
Pastor que te tornaste fiel amigo
de mí y de mi doncella cuán hermosa,
otrora junto al río tantas veces,
debajo del crepúsculo, testigo
también de mi pasión, quemada rosa:
¿Por qué, pastor de amor, desapareces?
No hay comentarios:
Publicar un comentario